CAPÍTULO 12: EL ÚLTIMO DÍA EN LA BELLE DE MAI

Cruelo DVil - Historia de Theo - Capitulo 12: El Último Día en La Belle de Mai

“VE Y PREPARA TUS COSAS, THEO. TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ”

 

Habían pasado dos o tres años, tal vez cuatro, no lo recuerdo bien. Lo que sí recuerdo es que aquel día fue uno fuera de lo común.

La muerte de la señora Korzakov había generado un malestar emocional sobre el circo de su esposo, incluso aquel refinado sujeto parecía haber envejecido cuatro décadas en pocas semanas. No obstante, como buen maestro de ceremonias, el anciano comandó con puño de hierro y las funciones continuaron sin sobresaltos.

Durante el paso del primer año, el detective Rohoeven acudía con insistencia al acantilado sobre los puertos de La Belle de Mai, con la esperanza de dar con alguna pista que lo condujera hasta el asesino de Amalia, pero él no contaba con el estricto código de honor que encadenaba a las palabras del circo. Cadenas labradas por el Doctor Moore; líder del concejo.

A causa de la orden que Rohoeven había declarado, el circo y todos sus integrantes teníamos prohibido alejarnos de la zona de control que comprendía los límites de aquel horroroso puerto. Sin embargo, a lo largo de nuestra estadía habíamos sido testigos del crecimiento económico y turístico del lugar. Al principio solo eran los desaliñados habitantes del pueblo los que asistían una y otra vez a las funciones semanales, pues gracias a un movimiento inteligente del señor Korzakov, el circo siempre presentaba actos diferentes. Nunca había uno similar al anterior. Eso nos obligaba a trabajar arduamente durante toda la semana.

La palabra se había regado a lo largo de Marsella, e incluso me atrevería a asumir que para ese momento gran parte de Francia ya había oído hablar sobre El Gran Circo Ruso de Korzakov, pues de vez en cuando, mientras caminaba por el borde del acantilado, podía ver como iban apareciendo nuevas estructuras, como las calles empezaban a verse más transitadas, e incluso noté como el motel de Ágatha, el cual sobresalía gracias a su exuberante alumbrado, se expandía y ocupaba casi toda la manzana.

Se podría decir que La Belle de Mai y el circo de Korzakov tenían una relación de mutualismo implícita.

Por mi parte, el puesto de adivino me había abierto varias puertas, especialmente las de la confianza de todos los miembros del circo… todos excepto la de Manuel; el hermano mayor de Tommy y líder de los acróbatas. No solo acudían a mí todo tipo de inocente en búsqueda de un consejo o una señal; sujetos como el Doctor Moore también pasaban por mi pequeña carpa queriendo desahogar sus penas.

Debo aceptar que a pesar del paso de los años nunca perdí la leve esperanza de que alguien pasara a través del velo de la entrada y confesara haber sido el autor del asesinato de Amelia Korzakov, pero nunca sucedió. Había mucho más detrás de todo eso; lo había comprendido gracias a lo que, poco a poco, me habían contado.

El Doctor Moore era, en efecto, un excelente médico inglés que había viajado a Rusia para trabajar hombro a hombro con los cosmonautas durante la Carrera Espacial contra los Estados Unidos en plena Guerra Fría. Por desgracia para él, hubo varias pruebas fallidas con consecuencias mortales, los rusos culparon a Moore pues nunca habían confiado plenamente en que un médico inglés estuviera dispuesto a colaborar a los soviéticos, así que tuvo que huir para salvar su cuello. De modo que se veía imposibilitado para cruzar frente a cualquier autoridad, Moore decidió ocultar su identidad tras el maquillaje de un payaso. Hacía shows en las calles para conseguir algo de dinero para sobrevivir, y aunque cueste creerlo, aquel sujeto llenaba dignamente los zapatos de payaso, pues hasta entonces entregaba lo mejor de sí para ofrecer verdaderos espectáculos difíciles de ignorar por improvisados que fueran.

Fueron ese talento y esa pasión los que captaron la atención de Luzhin Korzakov, quien se ofreció a ayudarlo a promocionar su acto con el fin de hacerlo crecer. Ninguno de esos dos hombres se imaginaban el potencial de aquella idea, y pasar de un acto callejero a convertirse en uno de los circos más prominentes de la época. Ambos trabajaron desde el inicio y forjaron fuertes lazos de amistad. No tardaron en atraer nuevos talentos y vivir años de prosperidad, pero Moore no podía dejar de temer por su vida, así que convenció al señor Korzakov de iniciar una gira para encontrar nuevos públicos y aún más talentos.

Era una idea arriesgada y ciertamente complicada, pues Korzakov debía contar con la aprobación de su esposa, quien había dado a luz pocos meses atrás. El pequeño Dmitri. Para cualquier otra madre, la respuesta habría sido una negativa contundente, pero Amelia compartía la visión de crecimiento y aventura de su marido, así que fue cuestión de tiempo para que la decisión fuera tomada. La idea del Doctor Moore convenció a la señora Korzakov, y ésta aceptó a regañadientes, no sin antes poner sus condiciones:

 

“Amor; sé que debemos hacer algo con el circo. En pocos meses estaremos en la quiebra si no buscamos nuevos horizontes. Hemos invertido todos nuestros ahorros para nutrirlo y no podemos dejarlo morir, y la idea del payaso ese pinta halos de luz entre tantas tinieblas.

Pero Luzhin, no pienso entregarle una vida nómada a nuestro hijo, así que él se tendrá que quedar con tu hermano, quien debe adoptarlo, tratarlo, cuidarlo, criarlo y amarlo como si fuese su propio hijo.

El pequeño Fyodor, tu sobrino, puede ser una gran compañía para él, y juntos crecerán como hermanos. Así Dmitri puede tener una infancia feliz, cosa que nosotros no le podemos entregar…

Algún día estaremos de vuelta en Rusia, reunidos a su lado, le explicaremos la verdad y él entenderá que todo esto lo hicimos por su bien.

Antes de que remilgues, Luzhin, exijo que el cincuenta por ciento de las ganancias del circo sea destinado a la manutención y educación de nuestro bebé.

No quiero que nunca le falte nada”.

 

Las palabras de Amelia habían sido claras y firmes, el señor Korzakov no se podía negar, y así se lo hizo saber al Doctor Moore, quien no estaba muy de acuerdo con la idea de entregar tanto dinero a un simple crío, pero en vista de ser esta su única oportunidad para escapar de Rusia sin ser detectado, no chistó al aceptar con fingida alegría.

El plan se puso en marcha, se hicieron los preparativos y justo antes de partir, el pequeño Dmitri Korzakov fue entregado a su tío, quien lo recibió con cariño. El llanto desgarrador y las lágrimas silenciosas de Amelia estuvieron presentes en el circo hasta el día de su muerte.

Juntos viajaron por todo tipo de lugar, atravesaron Rusia hasta llegar a Moscú, donde dieron un gran espectáculo que les permitió abrirse paso hacia Ucrania, luego Rumania y Grecia. Las cosas pintaban bien, los nuevos integrantes (como Tommy y sus hermanos), añadían fuerza a los actos. Viajaron por barco tocando tierra en Malta, para ir a parar en playas italianas y enamorar a su público.

A pesar de que todo parecía ir de maravilla, al Doctor Moore no lo tranquilizaba saber que la mitad de las ganancias iban a parar a los bolsillos de un chiquillo en Rusia, y poco a poco fue enterando al resto de miembros al respecto. El malestar no se hizo esperar y una fuerte discordia amenazaba con acabar con el circo.

Fue así como después de una acalorada discusión entre Korzakov y Moore, se creó el concejo. Un cerrado grupo con los miembros líderes de cada equipo con el fin de organizar y decidir el rumbo del circo. Ello incluía las rutinas semanales, y propuestas de cualquier índole las cuales serían notificadas al señor Korzakov (el cual no hace parte del concejo) por medio de una carta sellada cada martes; cartas que eran respondidas del mismo modo los miércoles en la mañana.

El maestro de ceremonias y el payaso mantenían el equilibrio en el circo. Era una especie de parlamento negociando con la monarquía. Era tonto, pero funcionaba, así que así se mantuvo hasta mucho tiempo después de haberme convertido en parte del circo.

De ese modo, el circo llegaba a Francia, atracando en los puertos de La Belle de Mai, con el sueño de alcanzar la cúspide circense en París. Todo iba bien, pero nadie contaba con el asesinato de Amelia.

Todos, incluso yo que dependía económicamente del circo, estábamos atrapados en el risco sobre las fuertes olas que lo golpean y que ofrecía la vista sobre uno de los lugares más feos de toda Europa. A pesar de la repentina muerte de la esposa del señor Korzakov, el trato entre él y su socio se mantuvo en pie.

Ahora yo también era parte del concejo y había comprendido que ahí no solo se hablaba de rutinas o sugerencias menores; era el concejo el que cocinaba todo lo que sucedía al interior del circo, y la palabra de Luzhin Korzakov era tomada en cuenta con levedad. Quien realmente controlaba el circo era el Doctor Moore.

Como miembro del concejo y adivino del circo, yo empezaba a adquirir toda la información posible que rondase por ahí. Poseía, tal vez, toda la información tras las bambalinas, y así lo reafirmó el detective Rohoeven, quien apareció esa mañana por el velo.

El calculador detective nunca había escondido sus sospechas hacia mí; me miraba con curiosidad paseándose del ojo verde al gris creyendo que iba a encontrar “la verdad” en alguno de los dos, pero así como él, yo también vivía en un mar de especulaciones sobre el caso.

Empezaba con su parloteo rutinario:

“Verás Fontaine, para nadie es un secreto que…”

“No intentes ocultar la verdad, porque puede que sea más grande de lo que imaginas…”

“No estoy aquí para juzgar; necesito dar con la solución…”

De verdad se le veía afectado cada vez que se le pasaba por la mente que el caso no tendría final. Podría ser, incluso, el final de su carrera. Su insistencia era bella en sí, pero era doblemente tonta.

Cuando estaba a la mitad de su discurso, su radio sonó, uno de sus subalternos solicitaba su presencia con apremio en el cuartel; una emergencia menor en el puerto. Hizo un ademán con el sombrero, dio media vuelta y se marchó.

Pasaron las horas y yo preparaba, como era habitual, una serie de parábolas fantásticas y cuentos baratos para jugar con las mentes débiles y crédulas de las niñas que pasaban por el velo buscando conocer algo respecto al amor de su vida. De repente, y con agilidad, el Doctor Moore entró en mi carpa, “¡Buenas nuevas, Theo!”, dijo emocionado el payaso, y continuó, Rohoeven ha retirado la orden del circo y ahora podemos continuar con la gira, así que prepara tus patrañas, porque esta noche es la última en La Belle de Mai… por cierto, el detective dijo que estaría haciendo su última ronda; espero no te haya importunado”. Aunque estuviese consciente de que mi labor en el circo fuera mentirle a los inocentes, nunca me agradó que Moore se refiriera de tal manera a ello, por ende, y a causa de los sentimientos encontrados, me limité a negar con la cabeza y volví a concentrarme en mi tarea. Noté como el hombre salía de la carpa radiante de júbilo. Levanté la mirada, repasé el interior de la pequeña tienda; todos sus adornos, arabescos y elementos parecían resplandecer. Yo también quería largarme de ese apestoso puerto de una vez por todas, estaba harto de su hedor y de su gente, así que la noticia del Doctor Moore calmaba un poco mis pensamientos. Paz.

Habían sido años en los que empezaba a dejar atrás mi vida de niño. Ya no era el chiquillo reprimido de San Bartolomé, ni el hijo olvidado en Montparnasse; me había convertido en el adivino de La Belle de Mai. Sin embargo sabía que tenía asuntos pendientes; la vida de nómada no era para mí, en eso concordaba con la difunta Amalia, quien inteligentemente sacrificó su alegría para entregar estabilidad a su hijo. Aquella relación también traía a mi mente a Fleur; a mi madre… Pero no debía enfocar mi energía en ello; ahora la tensión estaba dividida entre Moore, Rohoeven y Korzaov, y era necesario pensar cada movimiento para que tan delicado equilibrio no se quebrantara.

Divagando de nuevo.

Al medio día, durante el almuerzo, todo el mundo parecía renovado; un aura de dicha poseía el lugar, nadie paraba de hablar sobre los siguientes destinos mientras que atrás, en el fondo, el señor Korzakov corría de un lado a otro; había enviado a varias personas al puerto para anunciar el último y “más grande” show del Circo Ruso.

Pasaron las horas, empezaba a caer la noche y la energía era cada vez más palpable, las luces se encendían y las personas ya empezaban a llegar. En menos de nada el lugar estaba poblado, la gente caminaba, hablaba, reía, comía, disfrutaba de los juegos y se maravillaba con las atracciones.  Frente a mi carpa se alzaba una fila no muy extensa, pero eso representaba trabajo continuo; se me había acabado el repertorio de mentiras y empezaba a improvisar. Modestia a parte, todo salía mejor de lo esperado.

Una chiquilla, Mary, había acudido a mi carpa; parecía ser la última de la noche, pues todos los visitantes se reunían en la carpa principal para presenciar el acto de los hermanos acróbatas. Junto a Mary caminaba Chester, su hermano; un chico de aspecto inseguro y malhumorado, seguro le aburría tener que escuchar las falacias de un adivino. En ese momento yo no los conocía, y ellos tampoco a mí; pasarían años para reencontrarme con Chester, aprender sus nombres y nunca olvidarlos. La alegría en el inocente rostro de Mary revelaba su ciega fe, y el contraste con el gesto de su hermano me motivó a jugar con ellos. Solté juicios amplios que los aludía, mencioné aspectos familiares, la historia de una mascota con un final trágico y, especialmente para Chester, hice referencia a una chica muy guapa y eso lo hizo sonrojar.

Cuando la sesión había acabado, Mary no ocultaba su asombro, mientras que su hermano se esforzaba por ocultar su leve sonrisa. Mi trabajo estaba hecho y ambos se marcharon satisfechos. Me quité la túnica y el ridículo turbante y caminé hacia la carpa principal; moría de curiosidad por ver el acto de Tommy y sus hermanos.

Al interior se podía ver que el trabajo de anunciar en la despedida del circo en el puerto había tenido buenos resultados. Todas las sillas parecían haberse vendido, no cabía nadie más. Entre el público distinguí a Ágatha quien ahora lucía renovada y ciertamente más elegante; de seguro el crecimiento de su motel daba frutos. A pocas sillas de ella, La Boue y su padre comían palomitas mientras hablaban con la boca llena.

Alrededor todo estaba en penumbra ahora; toda la energía se concentraba en la gran carpa mayor. El show no tardó en empezar, la estruendosa voz del señor Korzakov retumbaba con autoridad, su traje era deslumbrante y acaparó la atención. Todos estábamos ansiosos y en pocos instantes los acróbatas volaban por los aires, la gente aplaudía y exclamaba de asombro. El número se desenvolvía con naturalidad hasta que la cuerda que sostenía a Manuel se rompió haciéndolo caer de inmediato.

Durante uno de los encuentros en el concejo, Manuel, siendo el líder del equipo de acróbatas, propuso que su acto final en La Belle de Mai se llevara a cabo sin la malla de seguridad, y ahora él era víctima de aquella estúpida ocurrencia.

El cuerpo del acróbata golpeó el suelo con tal fuerza que el crujir de sus huesos se oyó por encima de los gritos de la multitud horrorizada. La sangre había volado varios metros, y ahora de sus ojos, boca y oídos también brotaba en delicadas tiras. La gente corría confundida por el pánico. El equipo del circo se puso en acción; un grupo liderado por el señor Korzakov indicaban las salidas y ordenaban la evacuación de los visitantes, mientras el equipo médico (todos disfrazados de payaso) era comandado por el Doctor Moore quien aún llevaba puesta la peluca y la nariz, todos se acercaron para auxiliar a Manuel y en pocos minutos Tommy y su hermana menor habían descendido del trapecio y corrían para ver a su hermano. Los demás nos acercamos a una distancia prudente del cuerpo del moribundo acróbata. Algo muy dentro de mí sentía placer al ver como se le escapaba la vida a Manuel. El Doctor Moore estaba paralizado observando a Tommy quien intentaba desesperadamente reanimar a su hermano mayor, pero los intentos eran inútiles. De atrás mío alguien caminó hacia la pequeña que lloraba desconsolada y se la llevaron de ahí; era una imagen que no debía ser vista. Tan triste como poética.

Noté como el semblante del Doctor Moore se oscurecía de a pocos; el pobre sujeto estaba evidentemente inquieto, pero su cuerpo no se movía, así que caminé tan rápido como mi rodilla me lo permitía en dirección a mi carpa, iba en búsqueda del botiquín de primeros auxilios que guardaba ahí. Sin embargo, cuando me encontraba a pocos metros, un sujeto se encontraba de pie frente a ella, el olor a gasolina era penetrante, la inquietante figura encendió un manojo de papel y lo arrojó hacia la tienda, lo que causó que en un instante ésta se cubriera en llamas. La luz del fuego iluminó a la figura, y fue ahí donde comprendí que el padre de La Boue había aprovechado el desorden para prenderle fuego a mi carpa con la esperanza de acabar con todas mis pertenencias. “¡Arderás en el infierno, hereje!”, gritaba el hombre mientras sostenía una sonrisa desquiciada.

Atraído por el alboroto, vi al detective Rohoeven corriendo hacia el circo, su rostro se iluminó por las llamas que emanaban de mi pequeña tienda y corrió hacia mí, me miró rápidamente y luego se fijó en el señor La Boue, con un gesto brusco le indicó a sus hombres que lo reprendieran; lo golpearon y se lo estaban llevando mientras que su moreteado rostro no paraba se soltar improperios y amenazas, “¿¡Qué sucede acá!?”, preguntó alterado el detective, pero antes de poder responder, su mirada se clavó en algo detrás de mí, “¡Alto!”, gritó mientras echaba a correr, al girarme vi la silueta del Doctor Moore en la oscuridad y parecía estar arrastrando algo. Cuando Rohoeven y yo nos acercamos, noté que ya no llevaba puesta la peluca ni la nariz de payaso, su maquillaje estaba corrido y sudaba a cántaros, soltó lo que cargaba; tiraba del cuerpo moribundo de Manuel con un brazo, llevaba sobre el hombro una soga y con el otro brazo alzaba con dificultad un bloque de concreto; de los mismos que utilizábamos para apoyar los remolques. Al verse sorprendido por el detective, había dejado caer todo, “¿¡Qué se supone que está haciendo, Moore!?”, preguntó enojado Rohoeven mientras se ponía de rodillas, reposó suavemente su cabeza sobre el pecho del acróbata, “¡Este joven está muy mal, pero aún muestra signos vitales, debemos actuar cuanto antes!”, y volvió a posar su cabeza sobre el pecho de Manuel.

No podía permitir que Rohoeven volviese a poner la orden sobre el circo. Tenía que salir de La Belle de Mai y esa era la oportunidad. Además era obvio que el Doctor Moore planeaba deshacerse del cuerpo de Manuel, y ahora que el detective lo había descubierto, podría significar muchos más inconvenientes, así que dejé el bastón en el suelo, cuidadosamente levanté el enorme bloque de concreto y lo dejé caer sobre la cabeza del distraído Rohoeven quien seguía escuchando el latir del corazón de Manuel. La cabeza del detective se había reventado al igual que el pecho de Manuel, la sangre y las vísceras habían volado en todas las direcciones y la expresión de Moore lo decía todo: Era increíble.

Como si fuera un reflejo, ambos nos quitamos la ropa ensangrentada, utilizamos el interior de ésta para limpiarnos y envolvimos los restos de los dos cadáveres, luego utilizamos la soga para atarlos y los llevamos al borde del acantilado sobre el que golpeaban las olas con decisión, atamos el otro extremo de la soga al bloque de concreto y los empujamos. Los cuerpos se perdieron de inmediato en el mar y la marea lavó con rápidamente el rastro de sangre que soltaban los cuerpos.

“Tommy y su hermana están con Luzhin. Confían que yo estoy tratando de salvar la vida de Manuel, pero evidentemente no iba a tener éxito. Tanto tú como yo sabemos que esto es por el futuro del circo… por nuestro futuro, y aquí, en La Belle de Mai no hay futuro.

Vamos a cambiarnos y luego hablaremos con todos… tenemos que planear bien nuestra coartada”.

Las palabras del Doctor Moore se agolpaban con torpeza en su boca, se veía más humano, cansado. Carraspeó y me miró de soslayo.

“Creo que con lo que sucedió podrás entender lo que tuvimos que hacer con Amelia…

Ve y prepara tus cosas, Theo. Tenemos que salir de aquí”.

 

 

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